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Cinco cosas que me sorprendieron de Sevilla

Irene 29 septiembre, 2014

¿Sevilla tiene un color especial? No sé, pero desde luego ES especial. Infinitamente. En todas sus caras: dando un paseo por el barrio de Santa Cruz, descubriendo callejones y plazas bonitas, en una taberna disfrutando de una caña, en un buen bar probando diferentes tapas y raciones, en la Alameda de Hércules, disfrutando de un ambiente más distendido, en cualquier punto donde podamos observar la Giralda, el Río Guadalquivir o en el barrio de Triana. Vamos, que tiene mucho que ofrecer. Y con todo, Sevilla me sorprendió. Me sorprendió gratamente y sobre todo, por las cinco razones que os voy a contar a continuación.

Sus callejones

Por momentos, en mi último viaje a Sevilla, creía que estaba en Marrakech. Las calles estrechas y los edificios tan pegados hacían que la disposición sobre el terreno del barrio de Santa Cruz me recordara irremediablemente a la ciudad marroquí. En este lugar estaba asentada la comunidad judía en Sevilla y la razón de ser de los callejones era evitar el abrasador calor y crear corrientes de aire.  Me gustan esos detalles que hacen de una gran ciudad parecerse a un pueblo; que nos recuerdan que un día esa urbe no fue tan inabarcable. Que incluso más allá del centro histórico actual había campo, como se puede ver en un plano de la ciudad hace ya unos pocos de siglos en la exposición temporal del Archivo de Indias.

Hubo una zona de pequeñas callejuelas que me gustó especialmente, ya que además la recorría casi a diario para ir más al centro más centro desde mi hotel. Es la compuesta por las calles Cruces, Ximénez de Enciso y el Pasaje de Andreu –y que además después de Rodrigo Caro llevarán directamente a los Reales Alcázares-. Aunque había más, los bares de la zona, tiendas de artesanía o productos varios y el colorido de estas llamaron especialmente mi atención.

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Incluso la propia calle de mi hotel, San Clemente (Pensión la Montorena, para más señas) era un estrecho callejón. De ahí que en ocasiones las conversaciones de los vecinos amenizaran alguna noche de mi estancia allí. Cuando llegó el fin de semana y se volvieron jóvenes con ganas de fiesta y gritando como si fuera el último día de sus vidas ya no me hizo tanta gracia 😛

La cantidad de bares que tiene

Aunque he comprobado que al contrario de lo que yo haya podido pensar, Sevilla, y en general Andalucía tienen menos bares per cápita que otras regiones de España (a la cabeza se sitúan Baleares y municipios de Cáceres), me cuesta creer lo que dicen los números. En cada plaza, calle o rincón encontraba en Sevilla un bar, cada cual más chulo e interesante, donde tomar un vino o una caña. De hecho, cuando busqué un supermercado o una pequeña tienda para comprar cosas de aseo (en el centro, claro), me las vi y me las deseé. Por un momento, creí que además de tiendas, en Sevilla solo había bares.

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Claro que eso no fue un problema, pues aunque viajaba sola, disfruté de los bares sevillanos y de su maravillosa idea de tener de cada plato, una tapa (pequeña) y una ración (grande), de la amabilidad de sus camareros y de ir gozando de la pintaza que tenían los locales exteriormente para después volver allí para catarlos. Destaco especialmente ‘La Fabiola’ (en la calle homónima) y ‘La Bodega’ (muy cerca de la Plaza Alfalfa). Sin probar, me quedó ‘El café del sol’, muy apetecible y me decepcionó un poco, a pesar de que el local está muy bien y el servicio es muy agradable, la Taberna Donaire (ideal eso sí, si os toca día de partido de fútbol u otro acontecimiento deportivo, ya que cuentan con tres grandes pantallas).

Es barata

Yo había escuchado que el Sur era otra historia en cuestión de precios; que podía salir barato. Pero realmente Sevilla es muy barata. Generalmente, en los sitios que estuve, la tapa costaba 2,25 euros y la ración 7 euros. Un día para comer me gasté diez euros por un entrante de champiñones rellenos y unos chipirones, repitiendo caña (Casa Paco, en la calle Menéndez Pelayo, bastante recomendable si te pilla cerca). Normalmente, la caña en un bar normal sin terraza te cuesta un euro (¡un euro, Dios mío, hace cuanto de eso en Madrid!). Eso sí, un inciso, la caña se tira mayormente en los locales sevillanos MUY mal. ¿Cómo mejorar? Si quieren pueden descubrir leyendo nuestras reglas básicas para irse de cañas por Madrid.

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Si a ello le sumas que el autobús desde Madrid fueron 40 euros (Socibus) y la noche en una pensión muy agradable aunque sin baño propio fueron 20 euros, te sale un fin de semana bastante asequible. Quizás el mayor pero en este sentido fueron las entradas a los sitios turísticos. Me refiero sobre todo a La Catedral y los Reales Alcázares (8 euros cada uno) y la Torre del Oro (otros 4 euros). En mi caso descarté por ello, dos, aunque también es cierto que no me hacían especial ilusión.

Una excepción por ejemplo es la subida al mirador del conocido como edificio de las Setas, que costaba 3 euros con consumición incluida. Que no digo que pongan todo tan tirado, pero habrá un término medio, ¿no?

Que es preciosa

Había estado en Sevilla hace unos tres años para un congreso y la caté de una forma fugaz y algo superficialmente. Recordaba su ambiente, las tabernas que alegraban sus calles y alguna plaza recoqueta al estilo Doña Elvira o Rodrigo Caro, pero no tenía realmente una visión de conjunto de la belleza de la ciudad. Las vistas de la Catedral y la Giralda desde la Plaza del Triunfo o la Virgen de los Reyes, un atardecer a la orilla del río Guadalquivir o simplemente un paseo de media hora escudriñando cada rincón del barrio de Santa Cruz hacen que Sevilla sea catapultada de una forma directa a mi ranking de ciudades más bellas de España.

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La propia capacidad de sorprender

Hay también en casi todas las ciudades españolas y más aún en las del sur una gran capacidad de acoger al viajero. Son ciudades abiertas, con gente simpática y alegre que puede hacer que tu experiencia sea diferente; agradable. Solo tuve el placer de estar tres días en Sevilla pero cada persona con la que hablé o a la que pedí ayuda ayudó a llevarme una buena impresión de la ciudad.

Sobre todo, me gustó el último día, cuando en un bar del centro, uno de los hombres que allí estaba me preguntó si me iba de viaje –no fue muy audaz, ya que llevaba cargando con la maleta toda la mañana-. Tras una conversación escueta, me sorprendió verlo sentarse en un piano y tocar, no de una forma brillante pero lo suficientemente bien para sacarme una sonrisa. ¿Lo hizo a modo de despedida? Eso me gusta pensar a mí. Le pregunté al camarero si era el dueño del bar y me dijo que no, era amigo del dueño. Son como una gran familia. Se trata del bar Bodega El Priorato, que acoge espectáculos por la noche, a 8 euros. Por si os interesa; en mi caso, para la próxima. En ese momento, tocaba volver.

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About Author

Irene

Periodista desde 2008. Bloguera de viajes y Community Manager desde 2010. Viajo cuando puedo; el resto del año trabajo, salgo a correr, leo, disfruto de mi ciudad y mi gente y veo pelis View all posts by Irene →

Comments (6)

  1. El texto acertado o no, ahí está. Pero me parece que te has quedado con los tópicos sevillanos y aún no has conocido la esencia de la ciudad, algo que tendéis a hacer mucho ”los de la capital”. En cualquier caso, si fuera tú, corregiría mis textos antes de publicarlos, hay muchas frases inconexas y mal escritas.

  2. Muy elocuente, sencillo y claro su experiencia sevillana. Hace que uno se transporte a esa bella ciudad solo con su detallada descripcion. Me ha gustado mucho y espero siga enviandonos reportajes de sus
    futuros viajes..Mucha suerte…

  3. Hola Mascarpone,
    El reportaje es de una viajera que ha estado en Sevilla unos dias, obviamente no he conocido la ciudad en profundidad!
    Rosin, seguiré haciéndolo, muchas gracias!
    Un saludo para los dos 😉
    Irene

  4. Solo un inciso, que la caña (aqui servesita) esté bien o mal tirada no es achacable al 90 % al camarero, sino al barril. Con que lleve mas de un dia pinchado ya no sale bien tirada, en cuanto se pincha va perdiendo fuerza, espuma, cuerpo y todo. Eso no te pasará en bares que veas pinchar barriles a cada rato. Con la crisis hay menos consumo y creeme, hay quien se lleva con el mismoi barril pinchado hasta 20 dias, que es la fecha de caducidad. Hasta un tonto puede tirar una cerveza, yo no soy muy listo y he tirado muchas.

  5. Alberto,

    gracias por la info, pero yo solo sé lo básico de tirar una caña y es sobre todo, hacer algo más que echar la “servesita” y ya está. En eso noté la diferencia, me refería. Y desde luego que no he querido llamar tonto a nadie, pero una caña bien tirada se agradece.

    ¡Un saludo!

  6. Hola!! Soy de Sevilla y muy viajera, y tenía ganas de leer a alguien recomendando la ciudad, me daba curiosidad jajaja.

    Ya que te leo, decirte que POR FAVOR la próxima vez que vengas no te dejes atrás el Alcázar… es imprescindible, quizás si has visto la Alhambra no tanto, pero tanto para el que la haya visto como para el que no,los 8 euros del Alcázar son 8 euros bien gastados… Además, los lunes a partir de las 16:00 es gratuita la entrada, eso sí, con una cola bestial, pero será porque merece la pena!!

    Un saludo!

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