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Marrakech para principiantes

Irene 20 Marzo, 2014

*Nota: Este viaje fue ideado desde la necesidad desesperada de viajar, por lo que quizás no fue preparado con el tiempo y la dedicación necesaria. La percepción de una ciudad como Marrakech dependerá además de tu sensibilidad, paciencia y gusto por las compras. Yo tengo mucho de la primera y poco de las otras dos.

Marrakech no es una ciudad fácil, ni tranquila. Es abiertamente caótica. Una ciudad excesivamente enfocada al turismo, con gente que practica contigo la ley del más fuerte y con una falta abrumadora de regulación/determinación de normas en temas como el tráfico (¡cuidado con las motos en la Medina!) o en los precios (¡preparaos para practicar el ¿noble? arte del regateo!). Pero aunque me haya resultado un lugar poco amigable e incluso haya llegado a sentirme un poco tonta -mi inocencia innata choca con su picaresca infinita- no cambiaría el destino aunque pudiera hacerlo retroactivamente. Me gustó el aire de Marruecos, a pesar de hacerse irrespirable por momentos. Su esencia es interesante y la inexistencia de empresas extranjeras y otros cuantos rasgos de modernidad suponen un encanto irresistible; con lo bueno y lo malo, Marrakech es única en todas las especies viajeras que haya conocido antes.

Ahora siento que he viajado muy lejos -con lo que me gusta a mí hacerlo-, con tan solo una hora y media de vuelo, y guardo buen recuerdo de un lugar tan diferente. Me gustaron sus callejuelas, su gusto en la decoración, sus contrastes y el mimo que aún tiene su gente por sus tradiciones y productos artesanales; sus terrazas y su comida (aunque acabara un poco harta de los mismos ingredientes) y también la explosión de estímulos de colores, sabores y sensaciones que componen la Medina, ciudad antigua de Marrakech.

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Aunque los atractivos turísticos de la ciudad no son especialmente destacables, Marrakech es tan diferente para el viajero occidental que los monumentos pasan a un segundo plano. Lo más destacable es la experiencia 100% marroquí: Tomar el té como evento social, denominado popularmente whisky bereber, conocer el proceso manual de la creación de aceite de Argan o del cuero en la zona de curtidores (¡se utiliza excremento de paloma para alisarlo!), regatear en el zoco inventando tácticas para pagar el menor precio posible o esquivar una y mil veces a los locales que intentan hacer tu vida de turista un poco más fácil… a cambio de una propina o de visitar a otro negocio local (hecho por el que se llevarán la comisión correspondiente).

Os voy a mostrar un ejemplo de la picaresca marroquí bien utilizada. Un hotel que ha integrado en los dibujos de su fachada el logo de Tripadvisor, para avisar al turista de forma menos intrusiva y creativa que su alojamiento merece la pena:

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Porque el problema de esta ciudad radica en que uno no sabe bien cuándo sentirse persona y cuándo sentirse turista. En nuestro primer día, preguntamos (¡error!) por la zona de los curtidores de cuero. Un espontáneo nos dijo que un hombre que curiosamente pasaba por allí y trabajaba en el lugar nos llevaría. Fuimos detrás de él, creyendo su historia aunque entendiendo poco de su castellano de emergencia. Cuando llegamos nos dejó con otro hombre que nos hizo la visita, nos dio un poco de menta para evitar el fuerte olor y nos cobró 10 dirhams, además de hacernos una visita a la tienda de la cooperativa. Cuando salimos vimos al trabajador y su compinche paseando y buscando a su próxima víctima, supongo. Personalmente no me gustan esas situaciones; hacen que no confíe en la gente y que no pueda, por ejemplo, preguntar con la certeza de van a intentar ayudarme.

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Más agresiva fue la incidencia con otro hombre, supuesto relaciones públicas de un bar al que encontramos en mitad de una de las calles más turísticas. Le preguntamos por un bar donde pusieran una cerveza y nos indicó con la mano, acompañándonos (¡error!) al lugar. Cuando llegamos, se sentó intentando ser agradable pero creando una situación incómoda. Le invitamos a irse incluso pagándole una propina y nos dijo que no hacía falta, que visitáramos después la tienda de su hijo. Al salir el hombre no estaba, pero pasadas dos calles nos lo encontramos. Comenzó a insistir y le dijimos que no iríamos a ningún sitio; explicándole que nos estaba obligando a algo por un favor que no le habíamos pedido. Se puso muy agresivo incluso amenazándonos y diciéndonos que teníamos un gran problema. Al fin se fue.

Pasados los días fuimos aprendiendo y disfrutando de los paseos recibiendo estímulos sin parar, pero dominando la situación. Se impone como necesidad parar de vez en cuando en algún bar/cafetería para tomar algo, además de que estos suelen tener terrazas muy cuidadas y con una configuración peculiar (tan irregular como las propias calles del zoco). Además de una bonita decoración rústica, suelen tener también unas buenas vistas de la ciudad, que nos ofrecen una visión de conjunto de un lugar que requiere eso; relativizar.

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About Author

Irene

Periodista desde 2008. Bloguera de viajes y Community Manager desde 2010. Viajo cuando puedo; el resto del año trabajo, salgo a correr, leo, disfruto de mi ciudad y mi gente y veo pelis View all posts by Irene →

Comments (6)

  1. Sin duda Marrakech (y todo Marruecos) requieren un estado de ánimo apropiado 😉 o se llega sabiendo lo que te vas a encontrar, y a veces ni así, o lo vas adquiriendo (si no acabas por matarte a alguien o suicidarte tú antes) a los pocos días.
    Vemos que no ha cambiado mucho en los últimos años… juraría que has pasado por la misma calle que nosotros hace casi 10 años y lo único que se ve nuevo es la antena parabólica 😉

  2. Yo mira que pregunté y aún así me resultó difícil encajarlo… pero poco a poco vas cogiendo el rollo, quizás no pensándolo demasiado, intentando sacarle la parte buena. Ahora mismo, te digo que volvería mañana 🙂

    ¡Saludos!

  3. Marrakesh es una de mis ciudades preferidas, pero hay que llevar paciencia y sacar toda la picaresca que tengamos.

    El regatear siempre, el no poder preguntar porque te pedirán una propina (o preguntar y no dar propina) es cansado.

    La primera vez que estuve en Marruecos pequé mucho de inocente, pero una vez que sabes a lo que vas, la ciudad (y el país) te enamorarán.

    En mi primer viaje, un hombre “nos guió” por el barrio judío y luego nos “encerró” en su tienda y nos “obligó” a comprar. A ese mismo hombre me lo encontré meses después ofreciéndome lo mismo. Y casi seguro que si fuera mañana estaría en el mismo sitio y me volvería a ofrecer lo mismo.

  4. Gracias por el comentario Flavia!

    la verdad es que una de mis favoritas no es jeje, pero solo he estado una vez. Leí a una chica que recorrió el país que esta era la más difícil de las que visitó, así que quizás prefiera conocer otras zonas (aunque no lo descarto). Quizás haya que dejarse llevar más pero a mí cuando algo me fastidia, me ralla mucho porque le doy importancia. No puedo evitarlo.

    Pero luego los ratos buenos mejoraron los malos y el conjunto me gustó. Tengo ganas de volver al país 😉

    saludos!!

  5. Jajaja está bien para saber qué me voy a encontrar. Ya estoy bastante acostumbrada al caos y el regateo (odio regatear) después de Estambul, Tánger, Bali, etc. así que espero disfrutar mucho de la ciudad y sobre todo de la excursión al desierto. Un abrazo de la cosmopolilla.

  6. Patri, qué bien que te vas ya!

    La verdad es que dependiendo un poco de como seas se puede hacer duro, por eso creí que era bueno prevenir, pero luego hay gente que te da la de arena y la cal se olvida 🙂

    ¡Ya me contarás!

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