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Que ver en Siena

Irene 18 Abril, 2012

Si dices Arte, no te pierdas Italia. Si dices Italia, nada mejor que la Toscana. Si dices Toscana, no puedes dejar de visitar Siena. Etrusca y romana, lombarda y franca, gibelina en constante pugna con los güelfos florentinos, burgo que fue la cuna de la Banca, la Siena de hoy, piedra y tiempo, es un compendio de iglesias, palacios, plazas, fuentes, acueductos subterráneos, fortalezas, salas de exposiciones y cultura…

En definitiva, un verdadero museo-teatro al aire libre donde la Edad Media y el Renacimiento se dan la mano, sin solución de continuidad, ante los ojos atónitos del visitante que, siempre sorprendido, se deje llevar por el laberinto de sus viejas calles, ya patrimonio de la Humanidad. Esta es también parada imprescindible de muchos cruceros que surcan por aguas italianas -otra forma ideal de conocer la ciudad-.


Porque, remedando el manido lema turístico tan nuestro y tan olvidado, podríamos decir que aun en su propio entorno, entre tanta joya artística, al lado de ciudades más grandes y afamadas, “Siena is different”. O también aquel otro en verso que sentenciaría así: “Tres cosas tiene Siena / que no las hay en Italia: / la Fuente Gaia, la Plaza / y el Palio con sus Contradas”. Vayamos a comprobarlo.

Lo primero que nos sorprende al pisar el centro de la alargada bota itálica es su relajante paisaje de postal, donde el azul de un cielo limpísimo compite con los fuertes ocres y amarillos de la tierra (¡el color siena!) y con los verdes de la tríada mediterránea (vid, olivo, trigo) que tapizan las suaves y cuidadas colinas toscanas, salpicadas de villas y pueblos cargados de historia. El horizonte, ondas sobre la colorista campiña, aparece y desaparece ante nuestra vista por los constantes toboganes del relieve y, ante tanta luz y tanta belleza, se desatan todas las pasiones del viajero.

Es la hora de probar unos pici, espaguetis en salsa, y una ración de cacio, queso de oveja toscano, bien regados con un buen chianti, tinto y fresco, y rematar la faena con un postre de cavallucci, típico dulce sienés de nueces y miel, exquisitas viandas que se ofrecen al viajero en cualquier trattoria de esta bendita tierra. Luego, posada sobre algunas de esas colinas, dominando el valle, aparece la inconfundible silueta de Siena. Dejamos el coche a la entrada, que esta ciudad es para recorrer a pie, deambular por su casco viejo, medieval, cerrado al tráfico, pisar sin prisa todos sus rincones, que piano, piano, si va lontano, no perderse ninguna visita.

Un paseo por la ciudad

La primera, al corazón, el núcleo central donde palpitan la historia y la vida sienesas: la preciosa Piazza del Campo. Nacida como sede del mercado y convertida muy pronto en el centro neurálgico de la ciudad, esta original plaza en pendiente y con forma de abanico dividido en nueve triángulos iguales (recuerdo del Consejo de los Nueve que gobernó la ciudad antiguamente), alberga un auténtico tesoro arquitectónico que la cierra y la separa del resto del caserío. En la parte más baja, el Palazzo Publico, sede del gobierno local, con su Museo y sus impresionantes frescos, nos sorprende con una estructura de sólido castillo almenado en piedra, mármol y ladrillo, pegado a la esbelta Torre del Mangia, que parece desafiar al Campanile catedralicio que asoma enfrente, por encima de los centenarios edificios. Arriba, la Fonte Gaia, punto de referencia principal para todos los viandantes, inicio del antiguo sistema de aguas suburbano, que recuerda a la más conocida fontana romana, su famosa hermana mayor, en los blancos mármoles de sus hermosos relieves escultóricos.

Pero la joya del reino, detrás de la plaza, es el Duomo, muestra destacada del gótico italiano, con su riquísima fachada blanca, sus mosaicos en rosa y verde, su filigrana decorativa y un interior de columnas gigantes estriadas, cornisas esculpidas, suelo de mármol con paneles pintados, frescos en el techo, cúpula celeste estrellada, oro en el lucernario y pluriformes geometrías, que alberga, además, contra todo pronóstico, una repujada librería y la pila bautismal a pie de coro. Y suma y sigue, sin parar, que esta vieja ciudad sorprende por todos los rincones.

Mejor fecha para visitar Siena

Pero, sobre todo, procuremos visitarla a principios de julio o a mediados de agosto, fechas en que tiene lugar su mayor atractivo, por el que es conocida en todo el mundo: il Palio.

Se trata de una carrera de caballos en cuyos oscuros orígenes se entremezclan antiguos espectáculos equinos, la tradición lúdica de la ciudad, el rechazo a la ocupación española, la reivindicación popular contra el poder de la burguesía y la rivalidad medieval con Florencia, su eterna enemiga, ahora traspasada a sus propios contrade, los diecisiete barrios que conforman la ciudad y que se enfrentan, sus jinetes representantes montados a pelo, en un circuito de arena improvisado sobre la propia plaza del Campo, donde esos días no cabe ni una mosca y se respiran fiesta y tensión a partes iguales. No hay premios, solo el triunfo y la gloria para el caballo, el jinete y el barrio que consigan llevarse el codiciado palio, un sencillo estandarte de seda.

Con esas y otras muchas maravillas, Siena te está esperando.

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Imagen: Flickr

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About Author

Irene

Periodista desde 2008. Bloguera de viajes y Community Manager desde 2010. Viajo cuando puedo; el resto del año trabajo, salgo a correr, leo, disfruto de mi ciudad y mi gente y veo pelis View all posts by Irene →

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