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Tres días en Cantabria en furgoneta: Qué hacer

Irene 8 Octubre, 2014

Todos los años desde hace tres, hago al menos un viaje durante el verano en furgoneta. Comenzar fue toda una sorpresa, redescubrir los campings a los que viajaba de pequeña, volver a utilizar un mapa de carreteras, dejarnos llevar por el paso de los kilómetros, no tener un plan definido… o cambiarlo a medio camino. Pero este año, un viaje largo (objetivo: Indonesia) impidió que pudiéramos reservar unos días para viajar en furgoneta. Simplemente, no teníamos días. Pero nos quedaba el puente del 15 de agosto. Así que decidimos volver a ponernos en marcha y coger la furgo para subir al Norte (que de hecho formaba parte de nuestra idea para un viaje más largo), concretamente a Cantabria. Disfrutamos así de otros tres días de un turismo diferente: haciéndonos la comida, durmiendo en parkings y duchándonos en la ducha de las playas; pero también levantándonos a pie de playa, ahorrándonos el alojamiento y alguna comida y sobre todo, sintiendo la libertad de hacer en cada momento exactamente eso que queríamos hacer.

Llegamos el jueves por la noche (día que no cuento en el recorrido) e hicimos noche en el parking de la playa de Somo, donde había otras furgonetas y autocaravanas, por lo que entiendo que no suele haber problemas con la policía. Si se llega con ganas de juerga o se necesita un servicio, hay varios bares por la zona donde poder entrar, con ambiente surfero y precios asequibles.

Día 1: Playa de Somo y curso de surf

Aunque se puede pensar que en una furgoneta en mitad de un parking no se duerme bien, nada más lejos de la realidad. Si no, creo que no habría podido levantarme a las 11 de la mañana. Para el primer día, teníamos pensado hacer un curso de surf, así que tampoco teníamos especial prisa. Además, comenzó a llover por la mañana y aún retrasó más nuestro cometido. Finalmente, nos dieron hora para hacer el curso a las cuatro de la tarde, así que nos dedicamos a pasear por la playa, intentar descifrar las claves para surfear y disfrutar de nuestras mini-vacaciones.

surf-santander

Para hacer un curso de surf, podéis acercaros a la calle de enfrente de la playa de Somo, donde hay varías escuelas. Nosotros lo hicimos en Sunset, que nos cobró 30 euros por persona dos horas. Lo más importante es saber subir a la tabla y alguna medida de seguridad (como llevar la tabla de frente y no de lado, ya que de esta última manera, puede salir volando), pero cuando no se sabe nada y se es algo inseguro con este tipo de deportes (véase yo) creo que es la mejor opción. Además se comparte experiencia con más gente, que es también divertido. Aunque surfear se surfea más bien poco el primer día, te ríes un montón y comienzas a perderle miedo al mar, que en mi caso siempre es algo que está presente. Así que lo recomiendo.

Eso sí, entre los golpes de las olas y el cansancio que provoca (además de agujetas), acabarás baldado. Cuando acabamos, pusimos rumbo a Santillana del Mar, pueblo que queríamos visitar el segundo día y donde sentíamos la necesidad de ir a un camping. Fuimos entonces al Camping Santillana del Mar, saliendo del pueblo dirección Comillas y con muy buenas instalaciones en general (precio: 24 euros).

camping

Día 2:  Santillana del Mar y Bahía de Santander

Amanecimos en Santillana del Mar, no muy pronto, como siempre y tras ducharnos y poner en orden la furgoneta, fuimos al pueblo a pasear por sus bonitas calles y disfrutar de la estética de este bonito pueblo medieval. Es fácil de recorrer, ya que fundamentalmente tiene dos calles, y cada edificio es un atractivo turístico. El monumento de la Colegiata de Santa Juliana es el más representativo (cuesta 3 euros entrar) y también merece la pena tomarse algo en uno de los bares de la Plaza Mayor; en este punto, subimos por una de las pendientes donde acababa el pueblo y pudimos observar también las maravillosas vistas del lugar, en pleno monte.

santillana

Esta visita me recordó inevitablemente a aquellas de años pasados en Francia, donde cada pueblo era una joya cuidada y perfectamente preparada para disfrutar de sus calles empedradas y edificios con solera. Después nos acercamos al Museo de Altamira, que era gratuito a partir de las 12. 00 horas pero entre el público que había y que ya era la hora de comer, lo dejamos para otra ocasión.

Santander era nuestro próximo objetivo, ya que habíamos quedado con unos amigos para volver a retomar los deportes náuticos; en esta ocasión, el paddle surf. Se puede contratar en la zona de hormigón anterior a la playa de Los Peligros, al final del puerto de Santander. Merece mucho la pena hacerlo en este lugar, ya que se podrán obtener unas maravillosas vistas de la Bahía de Santander durante la práctica del deporte y son realmente bonitas. En cuanto al deporte en sí, a pesar de que hay que mantener bien el equilibrio y tener fuerza para remar, es más sencillo y asequible para cualquiera que el surf. Muy recomendable también.

bahia

Aún nos dio tiempo a tomar algo en uno de los bares que están en la playa de la Magdalena, la continuación de la anterior y seguir deleitándonos con una vista inmejorable. Coincidencias de la vida que ese día pasaba por allí el capitán Q, personaje televisivo que recorre España en un trimarán y que además era conocido. Nos unimos a la expectación local y fuimos a recibirlo a la playa, donde una delegación espontánea de pequeñas embarcaciones y hasta kayaks recibían al profeta-deportivo-periodístico-aventurero en su tierra 🙂


Era sábado y al disfrutar de la compañía de gente cántabra, no podíamos dejar pasar la oportunidad de cenar y disfrutar de la gastronomía cántabra, otro fuerte de la provincia. A pesar de que llamaron a un par de sitios muy típicos y no tuvimos suerte, fuimos a parar a una taberna también muy agradable y con una comida buenísima a buen precio (Restaurante San Pedro, a las afueras de Santander). Antes vimos caer el sol en el Cabo Mayor y disfrutar del paseo que nos lleva al extremo de la tierra, pudiendo disfrutar de nuevo de unas vistas de la costa de impresión.

Tras la cena volvimos a nuestro campamento base, en el parking de la playa de Los Peligros, donde dormimos plácidamente a pesar del botellón de los jóvenes cántabros.

Día 3: Liencres

Los domingos son un día raro en los viajes: se debaten entre la tristeza del final y la energía de querer aprovechar el último día. Cada vez más, soy partidaria de explotar el domingo para alargar un viaje; o hacer de un fin de semana una desconexión total. En este domingo en Cantabria tuvimos suerte porque fue el mejor día en cuestión de tiempo y no tuvimos duda: iríamos a la playa.

portio

Sabíamos que había buenos arenales en Liencres y no nos equivocamos: fuimos sorprendidos por un montón de calas de precioso paisaje y aguas cristalinas muy pero que muy apetecibles. Tras probar suerte en Somocuevas, sin posibilidad de aparcar, recalamos finalmente en la playa de Portío, más vacía e igual de bonita e ideal para el baño. Disfrutamos del que seguramente sea el último baño del verano, unas horitas, no demasiadas que la playa cansa y luego decidimos comer en un chiringuito playero, ya que no habíamos comido mucho fuera y queríamos seguir disfrutando de la gastronomía local.

Suerte e intuición que en la playa de Arnía había un restaurante con vistas (El Cazurro) de esos que tampoco tienen desperdicio. Con unas almejas y unos mejillones, entre otros, despedimos este viaje, que había dado mucho de sí y nos había dejado las pilas cargadas para largo rato.

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About Author

Irene

Periodista desde 2008. Bloguera de viajes y Community Manager desde 2010. Viajo cuando puedo; el resto del año trabajo, salgo a correr, leo, disfruto de mi ciudad y mi gente y veo pelis View all posts by Irene →

Comments (4)

  1. Lo poco que conozco de Cantabria, junto con Asturias, mis 2 asignaturas pendientes del norte de España. Voy tomando nota, que una ruta por allí apetece 😀

    ¡Saludotes!

  2. Hola José Carlos!

    Pues sí que merecen la pena, además de por lo que enseño y pueblos que faltan y otros cuantos paisajes, por lo bien que se come y por lo agradable que es estar por estas tierras. ¡Espero que puedas ir pronto!

    Un abrazo,

    Irene

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