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Viaje por tierras de la Bretaña francesa (IV): Pont-Aven – Lorient

Santiago 23 julio, 2013

Porque decir Pont-Aven es decir Pintura, con mayúsculas. Por aquí anduvo hace más de cien años Paul Gauguin, el gran postimpresionista parisino, y creó una escuela de artistas que imprimió carácter a esta cité des peintres, de 3.000 habitantes, con tradición portuaria y harinera, convirtiéndola en un reclamo para los amantes del Arte moderno.

Arte en el hotel Les Ajoncs d‘Or, en plena plaza mayor, cuyas habitaciones llevan nombres de pintores relacionados con la localidad (nos toca Delavallée, un puntillista del círculo paulino); arte en el Paseo de Xavier Grall, escritor nacionalista bretón, un auténtico jardín bonsái, pasarela verde entre los caudalosos brazos del impetuoso río Aven, agua torrencial, vegetación, miradores y terrazas, escondido e inesperado en pleno centro, a unos pasos de la iglesia y del puente que da nombre a la villa.


Arte en el Bosque de Amor, frondosa y sombría senda que remonta la margen derecha del río y se pierde monte arriba entre viejos molinos, placentera caminata que nunca olvidaremos; arte en el Museo Municipal, que se ha quedado pequeño ante tanta producción y está actualmente en fase de ampliación y reforma; arte en los talleres y numerosas galerías de artistas que aquí viven y trabajan; arte en las tiendas, en los cuadros, cerámicas, libros, gastronomía y objetos de todo tipo marcados con los diseños, los colores y el espíritu creativo de la Escuela de Pont-Aven; arte, en fin, en la Ría, en el Puerto, en los colores del campo y en la luz especial que siguen inspirando a tantos artistas.

Nos despedimos “postimpresionados” saboreando sus típicas galettes dulces, especie de bizcochos, sabrosísimas. Por pequeñas carreteras costeras rodeadas de verde bajamos a Doëlan, pueblecito pesquero con un puerto de postal abierto al océano: barquitos de colores, paseo por el muelle, faro verdiblanco y un bar lleno de gente… pero sin mejillones.

doegel

Recuperando la cercana autovía, recorremos de un tirón los 70 km que nos separan de Carnac, la joya del Neolítico. Con unos 5.000 habitantes y ya en la provincia de Morbihan, con tradición balnearia, playas y largo y moderno paseo marítimo, esta ciudad es conocida, sobre todo, por sus Alineamientos Megalíticos (el mayor conjunto del mundo; miles de piedras: dólmenes, sepulturas, recintos y, sobre todo, menhires), de seis mil años de antigüedad, repartidos al aire libre en cuatro grupos alineados de oeste a este al norte del núcleo urbano.

Existe un Centro de Interpretación y un tren especial para el recorrido por los asentamientos, que se hace largo, aunque el coche es muy útil en este caso.


carnac

No se puede perder la visita al Gigante de Le Manio, un grueso menhir de cerca de seis metros al que se accede, desde la carretera, pateando un delicioso y corto camino de monte autóctono. Si uno quiere ampliar conocimientos al respecto, el Museo de la Prehistoria, un noble caserón, espera a los interesados en el centro de la ciudad.

Retrocediendo unos 50 kilómetros por el mismo camino que nos trajo antes hasta aquí, pero sin salirnos ya de esta última provincia bretona, llegamos a nuestro hotel de hoy, en Lorient, ciudad portuaria y de pasado esclavista (como otras de esta costa, con un tráfico transoceánico muy activo durante el periodo colonial francés) que hoy suma unos 60.000 habitantes. Nos encontramos en la sede del Festival Intercéltico anual, donde participan y compiten cada verano músicos de todo el mundo celta (bretones, galeses, escoceses, irlandeses, asturianos, gallegos…), en un ambiente veraniego de fiesta y múltiples actividades relacionadas con la cultura de esos pueblos.

Un paseo por la zona vieja, entre el ayuntamiento y el puerto, sin apenas edificios vistosos, con amplias plazas no muy acogedoras y calles un tanto desangeladas, ambiente más bien frío y escaso, nada que ver con el resto de la Bretaña que venimos recorriendo, nos decepciona un poco. Luego caemos en lo que puede ser la causa: la dársena local fue sede de una base de submarinos alemana durante la II Gran Guerra, lo que provocó la destrucción de la mayor parte de la ciudad; además, precisamente hoy se celebra el aniversario de este acontecimiento bélico y sus moradores han vaciado el centro con su escapada de fin de semana. Habrá que conformarse con la zona nueva. O con pensar en volver en agosto y disfrutar de las bandas de gaitas. De momento, con saborear una típica galette salada de jamón, queso y huevo. Bon appétit!

Más información:

Capítulo 1 de Rennes a Huisness sur Mer

Capítulo 2 de Saint Michel a Perros Guirec

Capítulo 3 de Ploumanach a Locronan

Imagen: Flickr

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About Author

Santiago

Santi Somoza, de estirpe asturiana en la desembocadura del Eo, allí donde ástures y galaicos se dan la mano, aferrado siempre a su clan galego-forneiro, hipermétrope enjuto, jubiloso jubilado, maestro de nada y aprendiz de todo, pacífico y socarrón, descreído, escéptico, indignado, viajero letraherido y maratoniano corredor de fondo, ave nocturna y perpetrador de tangos, amigo de sus amigos, amante del buen vino y la poesía y, por encima de todo, de sus tres queridísimas mujeres. View all posts by Santiago →

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