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Visiones de París: Paseo por la Ribera derecha

Santiago 1 octubre, 2014

Hoy dedicaremos la jornada a pasear por el centro de la capital del Sena, siempre por su margen derecho y algo por encima de las principales joyas del río (Ayuntamiento, Cité, Louvre…), más conocidas y ya visitadas antes. Descansados y con ganas de caminar, comenzamos en la plaza de los Vosgos, pegada al noroeste de La Bastilla. Situada en el corazón del barrio del Marais, es la más antigua de la ciudad y una de las más bonitas. Amplísima y cuadrada, renacentista y señorial (allí vivió lo más granado de la alta sociedad, desde Richelieu a Víctor Hugo), destaca por sus monumentales edificios de ladrillo rojizo y cubiertas abuhardilladas de pizarra azul, con galerías en arco y largos soportales, sus entradas porticadas y sus jardines y parterres.

vosgos

Un enjambre de personas, sobre todo jóvenes, están ahora sentados o tumbados sobre la alfombra perfecta de su césped, al sol de la incipiente primavera. La dejamos para adentrarnos de lleno en el barrio judío, centrado en la calle des Rosiers (los rosales que adornaban la vieja muralla en los primeros asentamientos hebreos) y sus alrededores, una zona plena de colorido, locales típicos y sabor medieval. Un río de gente entra y sale de los diferentes establecimientos: tiendas de ropa, joyerías, librerías, panaderías, sinagogas, colegios, restaurantes… Si eres creyente, tienes donde respetar la dieta kosher; si no, puedes disfrutar del típico falafel, la exquisita croqueta de tradición oriental.


Sobrepasando la calle, pronto divisamos a nuestra derecha la polícroma tubería inconfundible del Centro Pompidou, el museo de arte moderno que, dentro de una estructura de vanguardia con todo su esqueleto a la vista, encierra lo mejor del cubismo y del surrealismo junto con un centro de diseño y una estupenda biblioteca de arte. En la enorme plaza, muy concurrida siempre, son frecuentes los espectáculos callejeros como el de este grupo juvenil que ahora nos deleita con sus gimnásticos movimientos de breakdance.

Estamos ya en el bullicioso barrio del Beaubourg. Unos pasos más adelante, nos topamos con la Fuente de los Inocentes, que, situada en el centro de la plaza de su nombre, es la única de factura renacentista que queda en pie, un verdadero monumento en piedra, con arcadas de pilares clásicos sobre una base escalonada, coronadas por friso y frontón y adornadas con bajorrelieves y esculturas de la mitología acuática, donde el agua baja sucesivamente por diferentes pilones a distinto nivel formando una preciosa cascada. Los bancos de piedra que la circundan son un buen lugar para relajarse y hacer un breve descanso.

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En esta zona, donde hubo primero un cementerio urbano y luego un tradicional mercado central, Les Halles, se ha levantado en hormigón y cristal un moderno centro comercial, el Fórum des Halles, un mundo de jardines, oficinas, tiendas, restaurantes, cines y piscina cubierta que termina en una de las estaciones de metro e intercambiador más transitadas del mundo. Si el ambicioso proyecto actual de ampliación y renovación del conjunto, actualmente en obras, llega a buen fin, nacerá toda una ciudad subterránea en pleno corazón de París.

Continuamos hacia el vecino barrio de la Ópera y nos topamos con el impresionante palacio Brongniart, antigua sede de La Bolsa, una mole de fachada neoclásica cerrada por altísimas columnas que preside la plaza homónima. Estamos en la zona principal de las artísticas galerías comerciales parisinas, les Passages, largos pasadizos peatonales de diseño decimonónico, abovedados con altas cubiertas de metal y vidrio que favorecen la iluminación cenital, suelos azulejados y una oferta variada de tiendas especializadas, librerías de viejo, restaurantes y bares originales. Lugares para merodear o tomarse un respiro sin preocuparse del tiempo que hace fuera ni de los ruidos de la calle.

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Por arriba de la plaza, encontramos la galería Jouffroy, de reloj y piso ajedrezado en blanco y negro, que se continúa en las de Panoramas y Verdeau; volviendo hacia abajo, vecinas del edificio de la Biblioteca Nacional vieja, ahora en obras, que aún contiene un rico legado de manuscritos, grabados y fotos de alto valor literario e histórico, están dos de las más elegantes, siempre en continua competencia: la galería Vivienne, con su pasillo de increíbles mosaicos, su hermosa rotonda acristalada y su coqueto salón de té; y la Colbert, mayor más reciente y enfocada al mundo del arte, con su enorme cúpula central y el Gran Colbert, un cafetón-restaurante de porte clásico donde dominan las maderas nobles, las plantas y las farolas de interior. Otro buen lugar para resguardarse del bullicio callejero.

Subimos luego hasta las inmediaciones de la ópera Garnier, símbolo del Segundo Imperio, un palacio monumental que, desde la construcción del moderno edificio de la Bastilla, centra su actividad en torno al ballet y la danza. Además de sus grandes dimensiones, resaltan su magnífica escalinata de mármol, su fachada de arcos y columnas de piedra, sus grandes ventanales, sus decorados frisos y frontones y su cúpula verdosa escoltada por dos grandes esculturas en bronce dorado.

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Esa mezcla de estilos preside la plaza y la gran avenida homónimas, con el decadente Café de la Paz, decorado por el mismo arquitecto, pegado a su derecha y, algo más bajo, la esquina del Harry’s Bar, donde Fitzgerald, Hemingway y demás tropa literaria le daban alegremente al jarro cuando París era una fiesta. Terminamos la cansada jornada en la plaza de Vendôme, más al sur y ya en el barrio de las Tullerías, la más cara y lujosa de París, de regios edificios en perfecta simetría que albergan hoteles, joyerías, perfumerías y otras tiendas de lujo. De ver y no tocar. Desde lo alto de su triunfal columna romana, en el centro de la plaza desnuda, Napoleón Bonaparte nos anima a que subamos a su privilegiado mirador. Pero ya no nos quedan fuerzas. Mejor buscamos algo más asequible en todos los sentidos. Bajamos camino del río y de la parada de metro más cercana.

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About Author

Santiago

Santi Somoza, de estirpe asturiana en la desembocadura del Eo, allí donde ástures y galaicos se dan la mano, aferrado siempre a su clan galego-forneiro, hipermétrope enjuto, jubiloso jubilado, maestro de nada y aprendiz de todo, pacífico y socarrón, descreído, escéptico, indignado, viajero letraherido y maratoniano corredor de fondo, ave nocturna y perpetrador de tangos, amigo de sus amigos, amante del buen vino y la poesía y, por encima de todo, de sus tres queridísimas mujeres. View all posts by Santiago →

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