Bolonia es una ciudad muy bonita y disfrutable. Ideal para una escapada donde maravillarte con sus calles empedradas, fachadas coloridas y resultones pórticos. Pero también donde visitar museos, disfrutar de buen arte y dejarte llevar por una de las ciudades con más encanto cultural que yo haya recorrido. Bolonia fue una grata sorpresa y a lo largo de tres días nos encandilamos de ella, disfrutándola sobre todo a pata y relajadamente.

Primeros paseos por Bolonia: callejeo, iglesias y mucho flow

Al no alojarnos en el centro de la ciudad, nos adentramos en Bolonia por la Porta Saragozza, a partir de la cual ya empezamos a maravillarnos por las fachadas y construcciones que poblaban las calles. Así, pronto llegamos a la Piazza Maggiore, liderada por la Basílica de San Petronio, pero donde pueden verse otros edificios, como el Palazzo dei Banchi o el dei Notai, así como la fuente de Nettuno. Con el pasar de las horas fuimos colocando los sitios y las calles de la urbe con esta plaza como referencia, pero lo ideal es que te adentres perdiéndote por sus aledaños y disfrutando del ambiente y lo bien cuidado que está todo.

piazza mayor bologna

Seguimos paseando y nos encontramos con las torres más famosas de Bolonia: la torre Garisenda y la torre degli Asinelli. Es todo un reto hacer una foto donde su gran envergadura se vea e impresiona ver que, así como la de Pisa, estas torres también están inclinadas. Cerca de ellas, nos gustó mucho la iglesia de Santi Bartolomeo e Gaetano, donde se puede entrar de forma gratuita y disfrutar de sus esmerados decorados.

Otro lugar que no puedes dejar pasar visitando esta bella ciudad es la Piazza de Santo Stefano y el complejo de las siete iglesias. Un rincón de fé surgido de la unión de varios edificios religiosos de diferentes épocas que todavía hoy es un remanso de paz e histórico de primer orden. Las iglesias que hay son empedradas y humildes pero transportan a siglos atrás y a una época donde la urbanización y el cemento no habían arrasado con todo. Sin duda una plaza a la que también volver para tomar algo y disfrutar de la fuerza a nivel socio-cultural que soporta. Una verdadera maravilla.

santo steffano plaza iglesias

El resto del primer día lo dedicamos a pasear con calma, fijar nuestra atención en columnas, pórticos y puertas en mitad de la ciudad (nos conquistó el Torresoto di Strada Castiglione, donde nos pasamos un rato largo echando fotos) y disfrutar del buen tiempo y el ambiente. También os recomiendo muchísimo un bar donde paramos a tomar algo: el Camera Sud, donde también podéis picar algo. Bolonia no es cara y también se presta a comer y beber con gracia. Haciendo un poco de todo descubrimos que la ciudad tiene mucho embrujo, flow, gracia, chispa, encanto, rollo o como queramos llamarlo. Pero tiene ese “algo” difícil de describir que hace que disfrutemos soberanamente del viaje. 

Día 2 en Bolonia: escapada a Ferrara y conociendo el Museo de Arte Contemporáneo 

Como Bolonia está cerca de otras ciudades a las que prestar atención (más humildes como Ferrara, Módena, Rávena o Dozza o de mayor calado como Verona o Florencia), nos planteamos conocer una o dos de ellas. Redujimos el número a una escapada pequeña dado que nos estaba gustando muchísimo Bolonia. Y elegimos Ferrara como destino, ya que nos habían hablado muy bien de ella.

El encanto de Ferrara

Ferrara es una ciudad pequeña, perfecta para una escapada corta y con buen encanto. Desde la entrada al casco antiguo, disfrutamos de sus calles y ambiente. En un inicio, recorrimos su catedral y la plaza del municipio, donde se concentra lo más vivo de la ciudad. 

Pero dado que no contábamos con mucho tiempo, esa mañana fuimos directas al Palazzo Schifanoia. Construido en 1493 por la nobleza, tuvo desde su ideación una orientación al ocio y a la contemplación. El nombre responde a “que esquiva el aburrimiento” y desde sus inicios, estuvo dedicado a que los principales artistas de la época pintaran e hicieran allí sus creaciones.

Los frescos de la Sala de los Meses, una obra maravillosamente conservada y alucinante, es considerada como “el ciclo pictórico más importante del Quattrocento italiano”. Solo se pueden contemplar los meses de mayo a septiembre pero es esta es la joya del palacio sin duda alguna.

palacio ferrara

Tras esta visita, previo paso por la Basílica María in Vado, que está cerca y nos gustó mucho, paseamos hasta otro de los puntos que hacen de Ferrara una ciudad bonita que visitar. Es el Castello Estense, que no recorrimos en su interior, pero que nos maravilló al ser uno de los pocos completamente rodeado por un foso de agua. Por la zona hay también tiendas, bares y restaurantes, así que allí comimos, antes de tomar café y emprender la vuelta.

Aún queríamos aprovechar el día en Bolonia y descubrir una zona de la ciudad que habíamos descubierto gracias a un blog amigo (tienen un montón de información de la zona, por si queréis visitarla) y que quedaba cerca de la estación de tren: Bolognina. Esta pequeña Bolonia, rincón alternativo dentro de ciudad alternativa, incluye varios lugares para una visita más cultural y por tanto más rica, así como rincones donde se respira libertad, alma e inclusividad. 

bolognina

Visita al MAMbo, el Museo de arte moderno de Bolonia

Lo primero que hicimos fue visitar el MAMbo, el Museo de arte moderno de Bolonia, que si bien tiene obras que a un profano en la materia pueden dejar de la misma manera, es variopinto y disfrutable también. Tiene además ese regusto alternativo de la ciudad, pues cuando lo visitamos había una sala dedicada a la lucha de la ciudad por los derechos LGTBI, que se prestaba a los comentarios y creaciones del que lo visitaba. 

Del resto de obras, me gustó especialmente un mural pintado por Renato Guttuso en 1972 sobre la muerte de Togliatti, histórico Secretario General del Partido Comunista Italiano, donde hay un montón de figuras históricas de la izquierda más tradicional.

Al acabar dimos una vuelta por el complejo, pues para impulsar el lado cultural esta zona se bautizó como la Manifattura delle Arti (MDA) o manufactura de las artes, donde nos tomamos algo justo frente al museo, en una zona verde reconvertida en espacio de ocio. Fue uno de esos momentos especiales del viaje, cuando dejas de lado por unos minutos el objetivo viajero y te dedicas tan solo a disfrutar, dejándote llevar por el descanso, el buen tiempo y la música de fondo.

Día 3 en Bolonia: una ciudad que da para mucho

Aunque para nuestro tercer día en Bolonia habíamos recorrido la ciudad en múltiples direcciones y la conocíamos bastante bien, aún no habíamos dedicado nuestro tiempo a visitar el Palacio del Archiginnasio, uno de los más conocidos de la ciudad y bellos por diferentes razones. El palacio en sí mismo tiene un montón de detalles desde su entrada, al patio y las diversas plantas.

Dedicado a ser parte fundamental de la Universidad de la Ciudad entre 1563 y 1803, el uso más trascendente en sus muros fue el del Teatro Anatómico, una sala dedicada al estudio de la anatomía en forma de anfiteatro. La entrada merece la pena, pues la historia del lugar está muy bien explicada.

La sorpresa del viaje: via Del Pratello

De camino a “casa” para descansar un rato, ese día descubrimos otro de los imprescindibles de nuestro viaje, una sorpresa inesperada de la que no habíamos leído pero que nos enamoró a primera vista. En este caso se trató de una calle: la via Del Pratello, una encrucijada de color, formas y gentío. Llena de graffitis de variado gusto; algunos perfectamente encuadrados en puertas o paredes. Llena de restaurantes, donde por supuesto y por esa razón volvimos en la noche. Llena de ese algo de lo que iba sobrada la ciudad pero que volvió a repuntar sin lugar a duda aquí. Volviéndonos a maravillar.

via pratello grafiti

Visita al Santuario de Nuestra Señora de San Luca

Todavía nos quedaba una cuenta pendiente que resolver aquella tarde: alejarnos de la urbe para poder tomar perspectiva de su entorno. Había leído cosas bonitas de otro de los sitios más populares de la ciudad. Así que sin pensar mucho sobre sus atractivos (y los que no) nos dirigimos al Santuario de Nuestra Señora de San Luca. Pero como dice el dicho aquí lo importante no es el destino, sino el camino. Para llegar al santuario se tienen que superar 666 escalones pero también pórticos, acumulando un camino duro pero precioso.

caminata san luca bolonia

Una vez superado el difícil reto acomodado sobre una pendiente, el santuario es imponente. Y todo el complejo merece la pena. Pero las vistas son otra historia. Apenas se ve la ciudad y no hay como tal un balcón donde disfrutar de ellas (¡al menos no que nosotras viéramos!). Se puede apreciar el verde que rodea la urbe y tomar algo de perspectiva, pero quizás el objetivo que yo buscaba era otro. ¿Decepcionante? Tampoco. Creo que no hay que perderse este lado de la ciudad y que hay que apreciar sin duda esta maravilla hecha en la ciudad.

Ese día agotamos nuestro tiempo volviendo a la via Del Pratello, despidiendo la ciudad en el ambiente que nos encandiló de ella. Y lo disfrutamos al máximo, terraceando, comiendo una buena pizza y volviendo a pata, con calma, apreciando la vuelta al viaje, después de bastante tiempo y el sentimiento hondo de que aquellos momentos vividos se quedarían en la piel para siempre.

por Irene

Periodista desde 2008. Inquieta y curiosa de toda la vida. Abierta a todos los planes; ¡no hay destino que no merezca la pena!

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