Cracovia es sin duda la ciudad que más ganas tenía de conocer de Polonia. Me gustó. Quizás no la que más, pero saboreé su estilo chic y sus principales monumentos, adentrándome en lo que después sería un modelo de urbe muy similar en el resto del país. Os cuento qué ver en dos días, con bebé incluido, en la ciudad.
Me encanta el momento en que empiezo a situarme en la ciudad. En Cracovia nos alojamos muy cerca del centro neurálgico, así que casi al instante empezamos a hacernos a ella. Además, días después corrí por la zona, la forma definitiva de acabar de orientarme en un lugar.
El punto de partida: la plaza del mercado
Sin duda, un lugar ineludible en un viaje a Cracovia es su plaza del mercado. Es inmensa y un lugar donde dejar pasar las horas puede ser en sí misma una actividad. Sus 40.000 metros cuadrados la hacen la plaza medieval más grande de Europa y en ella hay de todo. Para comenzar, en su centro se sitúa la Lonja de los Paños, un edificio renacentista símbolo de la vida comercial en el pasado y en el presente.
Pero también hay hueco para la torre del ayuntamiento, la iglesia de San Adalberto (San Wojciech) y el monumento a Adam Mickiewicz. Hay mucha historia, mucho peso y muchas aristas estéticas en esta plaza. Y aunque soy más de gustos minimalistas, este lugar atrapa.
Y en ella comienzan las vértebras de una ciudad llena de vida. Las calles que salen de allí están llenas de monumentos, fachadas elegantes, comercios, restaurantes… Una de las entradas a esta zona es la Puerta de San Florián, donde antaño llegaban a la ciudad los vencedores de las batallas y hoy los turistas buscamos la mejor instantánea (primera foto del post).
El Castillo de Wawel, lo más bonito de la ciudad
Lo bueno que tiene Cracovia es que no es grande y se puede recorrer fácilmente andando. Por eso, en un paseíto con niño de tres años incluido, llegamos al Castillo de Wawel, quizás el lugar más bonito de la ciudad.
En su origen fue diseñado para ser residencia de los reyes, de ahí su monumentalidad. Después, tras el traslado de la capital a Varsovia, fue ocupado por diferentes imperios y posteriormente reconstruido. Ahora es un importante museo, que nosotros no visitamos. Pero la zona merece la pena.
Aunque está situado en un alto, también es interesante acercarse porque está pegado al río. El paseo que se sitúa en mitad está muy bien y allí pudimos ver al famoso dragón del castillo (azote de los ciudadanos de la ciudad en tiempos pasados, según la leyenda), una estatua que echa fuego cada cinco minutos y es perfecta para entretener a los niños.
En los meses de verano se puede entrar y bajar a la antigua guarida del dragón, pero la logística no estaba de nuestro lado, así que no la visitamos. Ahora toda esta zona merece la pena para pasear, correr o disfrutar del buen tiempo. Nos pareció que en este lado la ciudad era moderna, elegante, verde y espaciosa, enseñándonos otra cara de lo que pensábamos que era Cracovia. Otro aire que nos encantó de esta ciudad y del país en general.
Paseo por el barrio judío de Cracovia
Del punto anterior vamos andando al barrio judío de Cracovia, donde tampoco visitamos muchos puntos de interés por las circunstancias y nuestro tipo de viaje, pero que nos dejó buen sabor de boca.
Se llama Kazimierz y se siente lleno de vida. De calles más estrechas e irregulares, se respira un aire bohemio en la actualidad y se pueden visitar algunas sinagogas (nosotros vimos la vieja) y entramos en el nuevo cementerio judío. Otra visita interesante, pero con la que nos costó dar fue la Sinagoga Remuh y su antiguo cementerio. Pero en general pasear por la zona merece le pena. Tiene el típico encanto de calles estrellas y paredes llenos de carteles y vida. También paramos a tomar algo y fue muy agradable.
Nuestra visita al Campo de concentración de Auschwitz
Cuando viajas con niños, los planes cambian. Se adaptan. Y el viaje es también una constante negociación con él y contigo mismo. Por eso, planes como Auschwitz se tambalean. Pero creo que es uno de esos sitios que hay que visitar. Así que decidimos ir. Y sí, tener un recuerdo vívido del lugar creo que es la mayor prueba.
Hay muchísima información sobre Auschwitz, no voy a entrar a contarlo con detalle. Pero es un campo de concentración con buena información, que se mantiene intacto y que no oculta la dureza de lo que allí sucedió. El día que fuimos estaba frío y gris, siendo el perfecto telón de fondo para recorrer este lugar. La construcción, calculada y austera, añadió aún más atmósfera al momento. El silencio invitaba a la reflexión.
Como detalle práctico, desde hace poco, Auschwitz no se puede recorrer por libre. Por eso, no dejes de comprar tu entrada. Nosotros cogimos de hecho un tour en polaco y no nos enteramos de nada, más allá de lo que leímos y sentimos. Pero fue sin duda suficiente.
Datos prácticos en Cracovia
Dónde comer en Cracovia: adelanto que nosotros no comimos apenas comida tradicional polaca. Pero comimos muy bien en todo el país. En las calles cercanas a la plaza mayor de Cracovia, comimos en un restaurante moderno y súper original. Se llama Restaurante Pod Różą y creo que es el típico que si estuviera en España costaría el doble. Así que aprovechad. El sitio es muy original y fuimos con el niño sin ningún problema a pesar de ser bastante chic.
Cerca también de la plaza mayor comimos muy bien en El Tre Sorelle Ristorante e Pizzería, un local de comida italiana, cuqui cuqui y con buena comida. ¡Otro lugar donde comimos divinamente!
De vuelta del barrio judío de Cracovia comimos en el Halicka Eatery & Bar, un restaurante moderno y súper amplio que nos encantó. Muy recomendable si estás por esa zona, que realmente está un poco alejada del centro.













