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Escapada a los pueblos de arquitectura negra en Guadalajara

Irene 24 mayo, 2016

No sé en que momento tomamos la decisión de visitar los pueblos de arquitectura negra en Guadalajara el pasado diciembre, pero volvíamos de Navarra y aún teníamos tiempo de descubrir un nuevo rincón de nuestro país. Nos informamos rápidamente en Internet, pusimos una de las localidades en nuestro GPS –íbamos en coche- y decidimos que aunque fuera una escapada corta, nuestro objetivo sería pasear un rato por las pedanías que componen este curioso lugar y hacernos una idea de cómo eran las edificaciones.

Aunque para disfrutar plenamente del lugar se necesite evidentemente más tiempo. Nosotros estuvimos solo una tarde, pero eso es siempre mejor que quedarse en casa –creo yo-.

Aún teníamos un rato por delante, así que llegaríamos justos para la hora de comer. Por recomendación lo hicimos en el restaurante El área de Tamajón, donde se jactan de tener una carne de primera, lo que pudimos comprobar de primera mano. Y sí: está justificado que se tiren flores. Tanto el chuletón como las costillas de cordero eran material de primera. Todo ello acompañado de un vino de la tierra que me gustó también mucho.

En este pueblo comienza a aparecer el paisaje que rodea a estos conocidos pueblos de arquitectura negra. Enclavados en la sierra de Ayllón y la zona más oriental del Sistema Central, un paisaje montañoso nos acompañará todo el camino. Aunque hay que agarrarse porque hay curvas, la serpenteante carretera tiene mucho encanto natural y paisajístico; que acompañado por un día soleado, hace que el camino resulte muy entretenido.

Nuestra elección para explorar la zona es Campillo de las Ranas, una de las pedanías que se pueden visitar y que tienen bajo su abrigo a otras pequeñas poblaciones. De hecho, el primer lugar paramos en El Campillejo y en el Espinar. Son pueblos pequeños, donde el tiempo parece haberse parado y apenas se escucha nada más que la gente hablando o el vaivén de los árboles. Y por supuesto donde el mayor atractivo son las casas hechas con pizarra local de color negruzco, perfectamente integradas en el paisaje y especialmente bonitas y llamativas.

arquitecturanegra5 arquitectutranegra4 arquitecturanegra3 arquitecturanegra1arquitecturanegra2A lo largo de los paseos por estos rincones, vemos iglesias y muros hechos con pizarra negra, que resisten robustamente el crudo frío que puede hacer en esta zona. El día que paramos por allí no eran especialmente bajas las temperaturas, pero celebramos el momento que paramos a tomar un té y nos resguardamos un poco de la intemperie.

Sin duda, el mayor ambiente de los pueblos que visitamos está en Campillo de las Ranas, donde hay varios restaurantes que podrían haber sido interesantes para comer (¡sobre todo son estéticamente muy chulos!) y casas rurales que hacen platearse volver allí y disfrutar de todo un fin de semana en la zona. Esta población es algo más grande, por lo que también tiene una plaza típicamente rural y callejuelas que recorremos durante un poco más de tiempo.

No obstante, no nos detuvimos mucho más en ellos, pues descartada la idea (por la hora) de hacer una ruta, no se puede hacer mucho más que observar el lugar, las grandes montañas que había a nuestro alrededor y decir adiós a una muestra de arquitectura rural ante todo curiosa. Para repetir.

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Irene

Periodista desde 2008. Bloguera de viajes y Community Manager desde 2010. Viajo cuando puedo; el resto del año trabajo, salgo a correr, leo, disfruto de mi ciudad y mi gente y veo pelis View all posts by Irene →

Comments (2)

  1. ¡Los pueblos negros! Una de mis espinitas de España.

    Desde hace muchos años mi madre siempre decía ¡Quiero ir a los pueblos negros de Guadalajara! y así constantemente. Un fin de semana nos metimos los cuatro en el coche para que mi madre cumpliera si sueño viajero. Era invierno (o por lo menos hacía frío, que no es mucho decir en Burgos :-P) y cuando llegamos a Castilla-La Mancha la carretera que nos tenía que llevar al pueblo marcado por el GPS (no me acuerdo cuál) estaba cortada. En Castilla y León habían pasado las máquinas quitanieves, pero se habían parado pocos metros después de cruzar «la frontera». Así que, con cuidado, dimos media vuelta y nos fuimos a pasar el día a Segovia (en la que hemos estado muchas veces)

    Hace poco mis padres fueron y mi madre ya ha tachado uno de los destinos que tenía más ganas de ir y más tiempo llevaba escrito. Yo tendré que esperar 🙁

    Ahora que he leído tu post, me han vuelto las ganas de ir (ahora que mi madre ya no me lo recuerda de vez en cuando :-P)

    Un beso,

    Flavia

  2. Jo Flavia, que historia tan bonita y a la vez un poco triste… ¡¡¡me apetece hasta llevarte!! jiji pues sí, son pueblos muy bonitoos y merecen la pena, pero bueno, no se moverán del sitio, así que espero que más pronto que tarde, te dejes caer por allí.

    Un abrazo!!!

    Ire

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