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Cinco días en Ámsterdam: V parte

Irene 28 mayo, 2013

 

La gran mayoría de las veces, un viaje no es redondo en días. Yo disfruto planificando qué hacer en esas horas que aún me quedan. O simplemente despidiéndome ciudad. Mi viaje a Ámsterdam fue realmente de cuatro días y medio, por lo que dejé para las últimas horas la visita al Museo Hermitage y un adiós final a la ciudad. El avión salía a las cinco de la tarde. Se acababa lo bueno.

Salí del albergue bien pronto para llegar lo antes posible al museo, donde estaba temporalmente la obra de Van Gogh, habitualmente en el museo que recibe el nombre del artista, también en Ámsterdam. Cogí el tranvía 7, pues me habían dicho que también llegaba y al preguntar me perdí un poco. Los mejores tranvías para llegar son el 14 o 9. El museo está en una de las orillas del Canal Amstel.


Cuando estaba perdida, un chico al que pregunté donde estaba, me dijo que lo tenía en frente. Hacía mucho que no estaba sola de viaje (y ni siquiera fue un día entero) y tengo que decir que volví a quedarme maravillada de lo amable que suele ser la gente local. Las ganas de ayudar a los turistas porque seguramente también les gusten los viajes; porque de alguna forma se reconocen en ellos.

En contra de lo que me esperaba, no había una larga cola. Esperé unos veinte minutos para entrar y pagando 15 euros (sin descuento para estudiantes o menores de 30) disfruté de la exposición. Me volvió a parecer que los museos de Ámsterdam dan buena información de aquello que muestran (a excepción del Museo Erótico, ya que al tratarse de una miscelánea, quizás haya poco que decir). En este caso, la muestra se divide en varios temas: Paisajes, autoretratos, retratos, dibujos, vida campesina, naturaleza muerta y otros. En cada cuadro se cuenta el contexto, el lugar y la fecha donde fueron creados y la historia de la obra, pudiendo saber algo más sobre la creación que simplemente verla.

museo van gogh

Eché de menos las grandes obras del pintor, pues en este museo solo se pueden disfrutar varias de las más conocidas: La habitación de Arlés, los girasoles o varios autoretratos. No obstante, eran muchas en cantidad y gracias a la información que las describía, podías hacer una idea de la obra en conjunto.

Tras la visita, volví al centro, a un bar que habíamos conocido y que quedaba cerca de la Estación Central, el Wonderfull Bar. Comí un poco y pronto cogí de nuevo el tren para ir al aeropuerto. En la despedida solo pedía ver de nuevo Ámsterdam y esto no era una difícil tarea. En cada rincón, podía disfrutar de lo más característico de la ciudad: sus canales, sus bicis, sus casitas apiladas sobre el río, su ambiente. No me cansaba de hacerle fotos. ¡Qué bonita!

amsterdam2

Poco después todo se había terminado. Era hora de volver a casa.

Quizás os interese también el resumen de los primero días en la ciudad. Todos ellos se encuentran aquí: Ámsterdam.

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Irene

Periodista desde 2008. Bloguera de viajes y Community Manager desde 2010. Viajo cuando puedo; el resto del año trabajo, salgo a correr, leo, disfruto de mi ciudad y mi gente y veo pelis View all posts by Irene →

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