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De paseo por la vieja Gasteiz

Santiago 2 diciembre, 2015

Vitoria, la capital alavesa, viene siendo considerada en los últimos años una de las mejores ciudades europeas para vivir: aire limpio, zonas verdes, buenos servicios, educación, ocio y cultura, deporte y salud, gastronomía y vida social, economía y sostenibilidad, ecología y medio ambiente. Hoy vamos a dejarnos llevar por sus viejas calles, animadas siempre y llenas de historia en una visita de un día.

Por la Plaza de Santo Domingo entramos al casco histórico (asentado sobre una empinada colina, su rehabilitación fue merecedora de premio hace ya más de tres décadas), la Edad Media en una “almendra” que recorreremos en visita circular. En primer término, nos recibe la Catedral de Santa María, gótico ejemplo de admirable portada; aunque está en obras, permanece abierta a las visitas guiadas; alta y maciza como una fortaleza, invita a apreciar las actuales labores de restauración y recorrer sus escondidos pasadizos y su paso de ronda.

vitoria

Mirando hacia ella, un Ken Follett elegante en hierro, recuerda su paso por el insigne monumento, que inspiró sus recientes y segundos “pilares” literarios. Calle Chiquita arriba, llegamos por Cuchillerías al Museo de Arqueología, el BIBAT, que alberga una sección dedicada a la magnífica y popular colección de Naipes de Heraclio Fournier, empresario de orígenes franceses afincado en Vitoria y creador de la baraja española.


Ya estamos en zona de bares y ambiente, peatonal y muy concurrida. El cruce siguiente nos ofrece dos interesantes opciones: a la izquierda, bajando, entrando ya en zona más moderna, nos espera el Artium, el centro vasco de Arte Contemporáneo (detrás de él, algo más abajo, se encuentra la estación de autobuses); subiendo, llegaremos al Palacio de Montehermoso, renacentista, que alberga un centro de avanzadilla cultural y el antiguo depósito de aguas, artística cripta subterránea convertida en sala de exposiciones. Un detalle que habla de la esmerada atención al ciudadano: una cinta mecánica instalada en el suelo de la calle, entre los dos puntos anteriores, transporta a los viandantes que deseen o necesiten ahorrar energías, facilitándoles la fatigosa subida.

Terminada esa doble visita, retomamos el rumbo y alcanzamos, a un paso, la Casa del Cordón, edificio del siglo XV con un destacado torreón medieval y una llamativa bóveda en estrella. Continuamos en fuerte pendiente por debajo de Los Arquillos, un paseo elevado sobre arcos de elegante arquitectura, y entramos de lleno en la plaza mayor, aquí conocida como Plaza Nueva, amplia y cuadrada, dieciochesca y porticada, en la que destaca el edificio del Ayuntamiento y cuyos soportales albergan bares, tiendas, rastrillos y la principal Oficina de Turismo.

plazaNuevaportillos-vitoria

Salimos al espacio aledaño en el que se celebraban los antiguos mercados. Ahora es la Plaza de la Virgen Blanca, el corazón de la ciudad, un amplio rectángulo abierto al sur, rodeado también de terrazas y restaurantes, punto de encuentro urbano, donde un monumento central conmemora la exitosa batalla contra los franceses en la Guerra de la Independencia y una escultura vegetal nos recuerda el nombre en sus dos idiomas de esta preciosa y acogedora urbe que pasa por ser la capital oficiosa de Euzkadi.

plaza-Virgen-Blanca

Hemos cruzado el casco antiguo de norte a sur. Algo más abajo, de nuevo en zona de ensanche (¡ojo al tranvía!), comienza el Parque de la Senda, un hermoso paseo arbolado entre palacios decimonónicos que nos llevaría a Ajuria Enea, sede presidencial del Gobierno Vasco, y aun más al sur. Pero esta vez nos quedamos antes y en el Parlamento, sobrio edificio levantado al costado de la joya botánica del Parque de la Florida. A escasa distancia, está la otra catedral, la neogótica de María Inmaculada, que alberga el Museo de Arte Sacro. Volviendo nuestros pasos hacia el casco viejo, accedemos a él por el imponente Palacio de Provincia, hoy sede de la Diputación Foral de Álava, con su columnata clásica de entrada y su gran plaza ajardinada.

camaraVasca

Ahora toca subir y desandar lo andado, pero por distintas plazas y callejuelas. Remontamos primero las escalinatas de la iglesia de San Miguel, entre cuyos arcos la Virgen Blanca, patrona de los vitorianos, vigila la Plaza desde su capilla, hasta la plaza del Machete (cuchillón sobre el que se juraban los cargos políticos municipales), sobre los Arquillos, y luego las que llevan a la plaza de Villa Suso, entre el palacio homónimo renacentista, hoy centro de Congresos, y la iglesia de San Vicente, ejemplar del gótico vasco. Más arriba, el palacio de Escoriaza-Esquibel nos lleva al Renacimiento y nos muestra una original fachada plateresca en la que sus nobles dueños, residentes en la Corte, no perdieron la oportunidad de inmortalizarse en piedra.

iglesia-SanVicente-vitoria

A su lado se puede ver aún un trozo de la vieja muralla que rodeaba la Gasteiz medieval, aunque, según los expertos, las reformas efectuadas para mantenerla en pie dejan bastante que desear. Bajamos luego bordeando por detrás la catedral primera hasta El Portalón. Esta típica casa del siglo XV que fue posada y casa de postas, actualmente reformada y reconvertida en lujoso restaurante (portal, patio-bodega, bar, escalera, comedor), mantiene a duras penas el aire y las estancias de la vieja venta, cuando era parada y fonda obligadas de los arrieros y caminantes que se movían entre la Meseta y el Cantábrico, entre Castilla y Europa. Aun así, no es mala idea continuar la tradición y dejarse llevar por la cocina alavesa regada con tinto de la tierra, como merecido descanso y homenaje a este pueblo.

graffitiVitoria

Para completar la faena, una vez hecha la digestión, no nos vendrá mal un poco de ejercicio: las variadas instalaciones deportivas y, sobre todo, el anillo verde que se extiende por toda la ciudad, con sus parques, rutas, sendas peatonales y carril-bici, invitan a pasear, correr, pedalear o practicar cualquier otro deporte preferido. O quizá, simplemente, sentarse y contemplar el ambiente y los encantos vitorianos. Que el ejemplo de Martín Fiz, el laureado campeón maratonista local, nos anime y nos guíe en la actividad elegida.

 *Nota: Si quieres seguir leyendo sobre visitas en País Vasco, te invito a leer post anteriores sobre el Valle de Arratia o el Parque Natual de Urkiola.

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About Author

Santiago

Santi Somoza, de estirpe asturiana en la desembocadura del Eo, allí donde ástures y galaicos se dan la mano, aferrado siempre a su clan galego-forneiro, hipermétrope enjuto, jubiloso jubilado, maestro de nada y aprendiz de todo, pacífico y socarrón, descreído, escéptico, indignado, viajero letraherido y maratoniano corredor de fondo, ave nocturna y perpetrador de tangos, amigo de sus amigos, amante del buen vino y la poesía y, por encima de todo, de sus tres queridísimas mujeres. View all posts by Santiago →

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