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Rutas costeras Asturias: Candás, Perlora, Xivares y Aboño

Santiago 28 febrero, 2013

perlora

RUTA: “El Carreño” (El Tranqueru)

CONCEJO: Carreño

ORIENTACIÓN: de O a E

EXTENSIÓN: 6 km

DURACIÓN: 3 horas

PERFIL: Muy fácil, cómodo, bastante llano, con escasísimos repechos breves

PANORÁMICA: La verdadera senda, construida a principios del siglo pasado sobre la caja del viejo tren minero Candás-Gijón, es un buen ejemplo de aprovechamiento de instalaciones industriales obsoletas, en este caso de una vía férrea en desuso, de su infraestructura y de sus alrededores. Precioso y accesible paseo junto al mar para vecinos y viajeros. Abierto y pegado a playas y acantilados

ACCESO: autovía del Cantábrico, A8/E70, salida Tabaza 404 a Candás y Luanco – AS-19/118 a Candás (hay vías directas a Candás desde Avilés, AS-238/239, y desde Gijón, AS-19/118)


SALIDA: Candás

LLEGADA: Aboño

RECORRIDO: Con sus empinadas callejuelas, su oferta turística y gastronómica, su puerto y su playa, Candás, punto de inicio, daría para una interesante visita exclusiva. Sea como sea, nuestra caminata comienza en el paseo de la Playa de Candás, cuyo extremo este comunica en seguida con la subida a la Ciudad Residencial de Perlora, viejo centro franquista de ocio vacacional para trabajadores, hoy en desuso, bastante desatendido y con futuro incierto.

Sus edificios, calles y jardines, en gran medida pasto de la vegetación y el abandono, aún dejan entrever su antiguo esplendor. Se han remozado en los últimos tiempos, eso sí, el paseo marino, las playas, las áreas recreativas y la zona del camping, para el turismo estival. Cruzamos el complejo hasta sobrepasar el área recreativa grande, al fondo, poco antes de la zona de acampada y justo encima de la Playa de Carranques, donde comienza la verdadera senda, bien reconocible por su trabajado y compacto piso de tierra empedrada.

A la izquierda sobrepasamos otras dos zonas de recreo más pequeñas; a la derecha, en paralelo, pasa la nueva vía de FEVE (recién incorporada a RENFE) de la línea costera Ferrol-Gijón. A los pocos metros se abren dos túneles gemelos: uno para el tren en activo, el otro para nosotros, los usuarios de la ruta pedestre. Al salir de este, hay un breve tramo abierto con un ramal a la izquierda que lleva a un amplio mirador sobre el acantilado.

Muy cerca, se abre ya el segundo túnel, muy pequeño, apenas un arco de luz que penetra las entrañas del enorme saliente rocoso. Al otro lado, la cala-pedrero de Morís da paso a la extensa Playa del Tranqueru, muy abajo a nuestra izquierda, escasa de arena y dominada por los típicos estratos de areniscas y pizarras que, perpendiculares al agua, semejan enormes siluetas de animales dormidos. Al pie del camino, se puede ver un viejo aparato de vías, otra reliquia más de arqueología ferroviaria; unos pasos más adelante, hay una enorme visera de hormigón levantada para proteger la antigua vía del peligro que suponían los frecuentes desprendimientos en la elevada ladera rocosa, muestra de las dificultades de la obra realizada con los escasos medios de entonces. Poco después, mirando atrás, comienza a verse el puerto de Candás, la ensenada de Luanco y la prominencia inconfundible del cabo Peñes; delante, al fondo, Gijón se esconde a la vista, protegido por la muralla natural del cabo Torres.

playa-xivares

No muy lejos, casi sin darnos cuenta y tras pasar el tercero y último túnel, más bien corto, alcanzamos las primeras casas de Xivares. Aquí termina el tramo nuevo, conocido como la vía verde del Tranqueru, pero la senda continúa a pie de agua por una pequeña área recreativa y una pradera ondulada que sirven de zona verde al primer grupo de chalés en línea de costa, urbanización de vivos colores, y circunda luego otro grupo de casas para acabar desembocando, en curva estrecha y encajada, directamente en plena Playa de Xivares, que, con la vecina de Peña María, forma un arenal amplio y alargado donde aún se recuerda, en panel informativo y diez años después, el desastre petrolífero del Prestige. Cruzamos el puentecillo de madera que sortea el riachuelo playero, subimos el acantilado bordeando la arena y al final nos damos de frente con el tajo profundo del río Aboño, frontera entre los concejos de Carreño y Gijón, que impide el paso. Al otro lado del cauce, a nuestra izquierda, el imponente espigón del puerto de El Musel, ahora muy cerca.

De frente, muy abajo, el gigantesco Parque de Carbones, construido sobre la explanación de la extinta Playa de Aboño, ahora oculta por montañas de mineral; detrás, el túnel de acceso que horada la mole de la Campa Torres, con sus característicos depósitos de gas, redondos gigantes, y las tuberías enormes que lo bajan hacia su destino; a la derecha, las altas chimeneas rojiblancas de la Central Térmica de Aboño.

Junto con la Fábrica de Cemento, forman un complejo industrial que llena este espacio verde y fronterizo de trabajo, instalaciones, cables, tuberías, viales y contaminación.

Hemos llegado a la meta. Si quisiésemos llegar a Gijón, a tiro de piedra, no nos quedaría otra que rodear la ría continuando ladera arriba, por la mullida pradería, en dirección al pequeño pueblo de Aboño, entroncar en lo alto con el Camino de Santiago gijonés y bajar luego hasta las inmediaciones de la ciudad, entrando al abrigo de la Campa Torres. Pero la capital de la Costa Verde requerirá, sin duda alguna, una visita mucho más prolongada.

VISITAS OPCIONALES: la villa marinera de Candás (puerto, playa, Museo Antón, Perlora…) y la ciudad de Gijón (playa de San Lorenzo, Paseo del Muro, Puerto Deportivo, Casco Antiguo, Cerro de Santa Catalina, museos y actividades culturales, Teatro Laboral, Parque de Isabel la Católica, sendas urbanas y zonas verdes, ocio y gastronomía…).

Autor: Santiago Somoza

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Santiago

Santi Somoza, de estirpe asturiana en la desembocadura del Eo, allí donde ástures y galaicos se dan la mano, aferrado siempre a su clan galego-forneiro, hipermétrope enjuto, jubiloso jubilado, maestro de nada y aprendiz de todo, pacífico y socarrón, descreído, escéptico, indignado, viajero letraherido y maratoniano corredor de fondo, ave nocturna y perpetrador de tangos, amigo de sus amigos, amante del buen vino y la poesía y, por encima de todo, de sus tres queridísimas mujeres. View all posts by Santiago →

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