Cuando se habla de lugares exóticos, de paraísos marinos perdidos, de playas paradisíacas, a uno se le vienen a la cabeza los arenales tropicales de sol y palmeras que se encuentran al sur y al norte del ecuador, especialmente las islas coralinas del Pacífico y del Índico. Y, ya en este último océano, los archipiélagos de moda de las Maldivas y las Seychelles, populares enclaves del turismo internacional.
Hay un lugar, sin embargo, que no se suele incluir entre ellos y que, desde hace ya algunos años, se ha venido convirtiendo en destino ideal para viajeros en busca de una estancia relajada, tranquila, recuperadora de los estragos de la vida occidental, lo que no significa aburrimiento o monotonía. Nos referimos a la isla tanzana de Zanzíbar, en la costa centrooriental africana, la mayor de las tres que forman el archipiélago homónimo, conocida también con el nombre local de Unjuga.

